Los hijos no son un trofeo, y el conflicto de los adultos no les pertenece
Llevo más de diecisiete años en el ejercicio del Derecho y buena parte de ese tiempo la he pasado sentada frente a mamás y papás que están en medio de una separación, y si algo he aprendido es que casi nunca llegan a mi oficina preguntando por sus hijos. Llegan preguntando cómo ganarle al otro, cómo demostrar que el otro es mal padre o mala madre, cómo lograr que el juez vea lo que ellos ven, y en esa conversación los hijos aparecen casi siempre como el premio que está en disputa y muy pocas veces como las personas que están sufriendo todo esto.
Lo digo con cariño y también con franqueza, porque entiendo perfectamente de dónde sale ese enojo, pero en este tema pienso lo mismo desde hace años y lo voy a seguir diciendo. El conflicto entre los adultos tiene que quedarse entre los adultos, y cuando uno de los dos usa a los hijos para castigar al otro, los aleja, les habla mal del otro o les pone obstáculos para verse, quien termina pagando las consecuencias es el niño o la niña, que se queda sin una parte de su familia sin haber tenido nada que ver en la ruptura.
Lo que me alegra contarles es que los tribunales de familia de Costa Rica están mirando cada vez más en esa misma dirección, y quiero compartirles algunas ideas que considero importantes para cualquier persona que esté pasando por una separación con hijos de por medio.
El conflicto también les hace daño a los hijos
Durante mucho tiempo el conflicto entre los padres se vio en los juzgados como parte del paisaje, algo que se daba por hecho en cualquier separación, y hoy los jueces lo reconocen como un riesgo real para los hijos aunque no exista ninguna otra acusación de por medio. Lo veo con frecuencia en mi oficina, en niños que bajan las notas, que pierden el año, que dejan de querer hacer cosas o que aprenden a callarse lo que sienten para no hacer sentir mal a ninguno de sus papás, y muchas veces nadie en el expediente se da cuenta mientras los adultos siguen discutiendo quién tiene la razón.
Hace poco el Tribunal de Familia escribió que la persona menor de edad no es un trofeo ni una cosa, y yo no podría estar más de acuerdo. Esa frase debería tenerla presente cualquier persona que esté en un proceso, y también quienes ejercemos el Derecho de Familia, porque buena parte de lo que se calienta o se enfría un caso depende de cómo lo llevamos los abogados.
La guarda compartida, con la mirada puesta en cada niño
Desde la reforma al artículo 152 del Código de Familia en 2019 la ley establece la guarda compartida como la opción prioritaria, y entiendo muy bien por qué. Tiene un fin muy noble, que los hijos sigan creciendo con su papá y con su mamá presentes en su vida cotidiana y que ninguno de los dos quede reducido a una visita de fin de semana.
Pero que sea prioritaria no quiere decir que sea automática, y aquí es donde quiero poner el acento. Lo que hay que tener muy claro en cada caso es qué es lo que más le beneficia a ese niño o a esa niña en particular, porque cada niño es diferente, y lo que a uno le da estabilidad a otro lo puede desordenar por completo. La edad, el temperamento, la escuela, la distancia entre las dos casas, el vínculo que tiene con cada uno de sus padres y la forma en que esos padres se comunican son cosas que pesan, y ahí es donde tenemos que poner la mirada.
Por eso creo que la guarda compartida debe asumirse con mucha responsabilidad. No puede convertirse en una forma de medir quién gana más tiempo o quién cede menos, y tampoco funciona si los hijos terminan viviendo con la maleta en la mano entre dos casas donde se habla mal del otro. Cuando hay voluntad real de cooperar, o al menos de no hacerles daño, puede ser una salida extraordinaria para los hijos aun cuando la relación entre los padres no sea buena, y cuando esa voluntad no existe conviene pensar con calma qué arreglo les da más tranquilidad, sin perder nunca de vista que lo que está en juego es su bienestar y no el orgullo de nadie.
Alejar a un hijo de su papá o de su mamá no lo protege
Este es el tema que más me mueve, y es también el centro de la tesis que estoy escribiendo en mi maestría en Derecho de Familia. Cuando uno de los padres obstruye de manera sistemática la relación del hijo con el otro, le está quitando al niño una parte de su identidad y de su familia, y estoy convencida de que esa conducta tiene que pesar cuando se decide con quién van a vivir los hijos.
El contacto de los hijos con su papá y con su mamá solo puede limitarse por excepción, cuando de verdad se demuestra que esa relación no les conviene, y quien vive con los hijos no solo debe dejar de estorbar, sino que tiene el deber de fortalecer el vínculo con el otro progenitor y con su familia. Cuando los padres no logran ponerse de acuerdo el juez puede fijar horarios y condiciones concretas, e incluso definir cómo deben comunicarse, y si el contacto se interrumpe no hace falta esperar a la sentencia para pedirle que intervenga.
Sé que una de las situaciones más difíciles es cuando el propio hijo dice que no quiere ver a su papá o a su mamá. Su opinión importa y hay que escucharla con respeto, pero también hay que preguntarse de dónde viene, si alguien le explicó lo que estaba pasando, si pudo opinar con libertad y si sus razones tienen que ver con algo actual o con historias del pasado que ha escuchado de los adultos, y muchas veces la respuesta no es cortar la relación sino acompañarla con profesionales para irla reconstruyendo poco a poco.
Ahora bien, también soy clara con mis clientes cuando la situación es la contraria. Decir que el otro hace alienación parental sin un peritaje que lo respalde no mueve a ningún juez, y una denuncia de violencia doméstica muestra que hay conflicto en la familia pero no prueba por sí sola que se haya presentado con mala intención, así que lo que se alega hay que poder demostrarlo, y en eso no hay atajos.
El tiempo también cuenta
Hay algo que casi nadie les dice a las familias y que a mí me parece fundamental, y es que un proceso que se alarga durante años les hace daño a los hijos por sí mismo, por más que los adultos sientan que están peleando por ellos. Además, mientras el expediente duerme la situación de hecho se va consolidando, y eso termina favoreciendo a quien ya tiene a los hijos consigo aunque no sea lo mejor para ellos, por eso insisto tanto en mover los procesos y en pedir a tiempo las medidas que hacen falta, porque para un niño cada mes que pasa cuenta.
Si usted está pasando por esto
No tengo una fórmula que sirva para todas las familias, porque cada caso es distinto y cada niño también. Lo que sí le puedo decir, por lo que he visto en todos estos años, es que las familias que mejor salen de un proceso son las que logran poner a los hijos por encima del enojo, y que un buen acompañamiento legal puede ayudar mucho a que eso pase.
En Vestalis Legal no defendemos a hombres ni a mujeres, defendemos lo justo, lo razonable y lo que dice la ley, siempre con los hijos en el centro. Si está atravesando una separación o ya tiene un proceso abierto y quiere entender cómo aplica todo esto a su caso, con gusto le atiendo en una cita de asesoría. Puede escribirme a virginia@vestalis.legal o llamarme al 8779 4080.
Licda. Virginia Coto Rodríguez, abogada y notaria, Vestalis Legal